La luna navega lenta, amarilla, redonda y solitaria por un cielo azul oscuro. Las sombras oscurecen aún más el entorno y Los árboles que transmutan su color, se convierten en gigantes de largos brazos negros. Gime la noche entre el croar de las ranas y el canto de las chicharras, bañada del sudor pegajoso que ha quedado de la tarde.
Se oyen voces, sílabas que se encadenan formando largos sonidos llevados por un aire denso y húmedo. Ninguna respuesta, solo la misma voz que se repite en el dominio de un silencio cada vez más oscuro. Pero no hay respuesta ... y la voz, con otras voces pegadas a la piel, esperan algo más que el eco por respuesta. De repente voces infantiles, solo voces pequeñas mimetizadas con la negrura ... y un - por aquiiiiiiiiiiii - hace que el oido se afine. La esperanza rebosa los jadeos; entre jadeo y esperanza las voces se encuentran.
Pesa la gran barriga negra. Movimientos cansados mientras a horcajadas sostiene un pequeño. De nuevo la lumbre, ojos redondos, negros, como todo en esa noche, miran los rostros desdibujados por las sombras.
Con la simpleza del que nada teme, no cuestiona, solo ofrece: - arroz y plátano, es lo único que tengo -
Acaba la prisa, el tiempo suspendido entre sombras no sabe si continuar la marcha o simplemente dormitar mientras llega el nuevo día.
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